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Pueblos indígenas Amazonía-Brasil

julio 17, 2021
Pueblos indígenas del amazonas brasil

La Amazonía brasileña, también conocida en Brasil como Amazonía legal, comprende los estados: Pará, Amapá, Mato Grosso, Rondônia, Roraima, Acre, Tocantins, Maranhã y Amazonas.

Según el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), con base en los datos del Censo 2010, la población indígena de Brasil es de 896.917 habitantes, de los cuales 443.363 viven en la Amazonía de este país (CADPI, 2017) (2).

Índice

Lenguas indígenas de Brasil

La Fundación Nacional del Indio (FUNAI) –agencia federal responsable de la política indígena de acuerdo con la Constitución de 1988- reporta alrededor de 305 pueblos indígenas en Brasil, con una riqueza lingüística que excede a las 180 lenguas, clasificadas en 35 familias lingüísticas, entre ellas: Aikaná (IL), Baenã (UL), Fulniô (DC), Guató (DC), Irantxe (UL), Katukinan (IF), Kwazá (IL), Máku (IL), Mura-Pirahã (IF), Ofayé (DC), Pankarurú (UL), Tushá (UL) y Tarairiú (UL) (CADPI, 2017) (2). 

Comunidades indígenas en aislamiento voluntario

En 2012 la FUNAI confirmó la presencia de 82 pueblos indígenas no contactados o en aislamiento en Brasil; 16 de ellos viven en el estado brasileño de Amazonas, 7 en Rondônia, 8 en Pará, 2 en Acre, 3 en Mato Grosso, y 1 en Amapá, Maranhão, Roraima, Tocantins, Goiás y Minas Gerais (CADPI, 2017) (2).

Historia

la marca de la amazonia portada

La marca de la Amazonía

candido rondon

El Mariscal Cándido Rondón

Hace cinco siglos los colonizadores portugueses se establecieron en tierras que eran ocupadas por los pueblos indígenas del Amazonas brasileño, conllevando la extinción de muchas etnias que habitaban en esta región y otros espacios geográficos del Brasil, como resultado del enfrentamiento y de enfermedades como la gripe, el sarampión, tosferina, tuberculosis, viruela, entre otras que eran inexistentes en el continente americano. El CADPI (2017) (2), estima que existían aproximadamente 5,6 millones de indígenas sólo en la cuenca amazónica, previo al proceso de colonización.

Desde la mitad del siglo XX hasta inicios del siglo XXI, en general el discurso desarrollista de la región amazónica comenzó a articular la expansión mercantilista orientada al mercado global a la narrativa mundial en torno a la protección del medioambiente y sus sociedades originarias (Correa, 2021) (3). Sin embargo, esto no se ha traducido en cambios que reviertan la inserción histórica de la Amazonía brasileña como periferia proveedora de productos básicos o materias primas al servicio del centro industrializado, pese a la perspectiva de desarrollo sostenible en la actualidad.

En 1977 fue celebrada la primera Asamblea Indígena Nacional y en 1980 se fundó la primera organización indígena de Brasil, la Unión de Naciones Indígenas (UNI). En la actualidad existen más de 1.000 organizaciones indígenas al nivel nacional y regional, pero persisten la violencia y el no reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas que ha estado presente a lo largo de la historia (CADPI, 2017) (2).

En este escenario, los diversos movimientos indígenas a escala internacional y nacional han contribuido desde finales de la década de 1980 con la elaboración y ratificación de la normatividad internacional para la defensa de los derechos humanos de los pueblos indígenas, como por ejemplo el Convenio 169 de la OIT, teniendo a su vez una mayor participación política en estos procesos.

Legislación

La Carta Magna de 1988 fue pionera en la incorporación del tema ambiental, el garimpo y los derechos indígenas. No obstante, el reconocimiento constitucional de la presencia de pueblos indígenas en el territorio brasileño, manifestado en su artículo 223 de la Constitución Federal, ha sido objeto de cuestionamiento porque la misma es restrictiva de derechos colectivos, especialmente en lo que respecta al derecho de la autonomía y la libre determinación de los pueblos ancestrales en sus territorios y recursos naturales. Además, el territorio ancestral indígena en Brasil ha quedado como propiedad de la Unión Federativa. En el caso brasileño, se ratificó el Convenio 169 de la OIT en 2003, mucho después que otros países de la cuenca Amazónica (Correa, 2021) (3).

Explotación comercial

Así pues, la defensa de los derechos de los pueblos indígenas en la Amazonía brasileña por parte de sus asociaciones, no ha sido capaz de frenar la expansión del neoextractivismo y la explotación sin control de sus recursos naturales vinculados con los intereses de la sociedad dominante y el capital nacional o trasnacional, generando serios impactos ambientales. En consecuencia, estos pueblos ancestrales han quedado a merced de actores legales o ilegales que invaden la selva para expandir las fronteras agrícolas y madereras, mineras y de cuanto recurso natural sea de interés, comprometiendo la sobrevivencia y calidad de vida de los indígenas y desencadenando la violación de sus derechos sin considerar los intereses de las poblaciones indígenas originarias.

Además de las invasiones y el despojo violento de sus territorios, los indígenas de la Amazonía brasileña confrontan otros problemas como la trata de personas y explotación sexual, el narcotráfico y la sobreexplotación laboral, incluyendo a niños y adolescentes, llevando a muchos al éxodo hacia las periferias de las ciudades en zonas carentes de servicios como las llamadas favelas, quedando también excluidos de los derechos que se limitan a los pueblos indígenas que han logrado conservar su territorialidad (Correa, 2021) (3).

COVID-19

Por otra parte, Brasil ha sido uno de los países más afectados por la pandemia Covid-19, el segundo con mayor número de muertes por el virus después de Estados Unidos. Esta situación ha mostrado las desigualdades territoriales y sociales en términos del acceso a los servicios básicos (especialmente agua potable y saneamiento) y de infraestructura de salud adecuada, tras largos años de abandono, siendo los pueblos indígenas de la Amazonía brasileña uno de los colectivos más vulnerables pues se enfrentan a este virus con total indefensión, en condiciones de exclusión social y discriminación, además de altos niveles de pobreza extrema.

Según Ávila y Guereña (2020) (1), el hecho de que las tasas de mortalidad por Covid-19 sean muy altas entre la población mayor de 65 años es muy preocupante, pues los adultos mayores en la Amazonía –incluyendo el caso brasileño- constituyen la autoridad de gobierno y el acervo de conocimientos tácitos relacionados con la lengua y el patrimonio cultural, la medicina tradicional y la conservación de la selva, por tanto la pérdida de sus ancianos tiene consecuencias irreparables para los pueblos indígenas.

Referencias

  1. Ávila, R. y Guereña, A. 2020. Averting ethnocide. Indigenous peoples and territorial rights in crisis in the face of COVID-19 in Latin America. Oxford: Oxfam International. Recuperado de https://oxfamilibrary.openrepository.com/bitstream/handle/10546/621028/bp-avoiding-ethnocide-210720-en.pdf.
  2. Centro para la Autonomía y Desarrollo de los Pueblos Indígenas, CADPI. 2017. Nota técnica de país sobre cuestiones de los pueblos indígenas. República Federativa de Brasil. Recuperado de https://www.ifad.org/documents/38714170/40258424/brazil_ctn_s.pdf/2fa73b7d-64c8-4433-9421-01b3cc9aa2ee.
  3. Correa de Almeida, M. 2021. Los derechos humanos de los indígenas frente al desarrollo de la Amazonía brasileña en el siglo XXI. Revista de la Facultad de Derecho de México, (279), enero-abril, 765-787. Recuperado de http://www.revistas.unam.mx/index.php/rfdm/article/view/79011.