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Anaconda: verde, gigante, película (movie).

Eunectes murinus (anaconda verde) y Boa constrictor constrictor (boa cola roja) desde sus ancestros saurios a la industria del cine.

La anaconda verde (Eunectes murinus) es una especie de serpiente constrictora de la familia Biodae. 

Es  considerada  la serpiente más grande  de todas las de esa familia que viven en la cuenca de  la Amazonía, e incluso de todo el continente americano, y la más larga del mundo. 

Anaconda

Se encuentra también en la lista de  las mayores serpientes del planeta, compitiendo con la pitón reticulata, del Asia, famosa por su peso, pues alcanza hasta 250 kg,  y por su longitud, de hasta 8 m.

La anaconda: verde y gigante.

Pero la anaconda verde es más larga, pues llega a medir, la hembra, un total de 10 m, aunque es menos voluminosa que la pitón reticulata, pues pesa generalmente entre 35 y 85 kg, aunque se han reportado ejemplares de unos 97 kg. 

Anaconda 2,4 mts. (Eunectes murinus), Parque del Este, Caracas

Además la anaconda verde es la mayor entre otras especies del genero Eunectes: E. beniensis, E.deschauenseei, E. notoeus (Milord 2012). 

Estas grandes serpientes, la anaconda verde y varias especies de pitón (la pitón reticulata y la pitón de seda), son cazadas generalmente por el temor que infunden, muchas veces exagerado, lo que ha ocasionado que en algunas regiones su conservación haya alcanzado el grado de especie amenazada.

No obstante, estas grandes serpientes no son venenosas, matan asfixiando a su presa. Y solo atacan al ser humano en defensa propia, cuando son provocadas.

¿Dónde vive la anaconda? (hábitat)

La anaconda verde es de hábitos acuáticos o semiacuáticos, diurna o nocturna, y puede vivir  tanto en el agua como en los árboles.

Distribución de la Anaconda (Eunectes murinus) en América del Sur
Fuente: Gossipguy [CC BY-SA 4.0]

Puede estar completamente sumergida durante 10 minutos, y luego sacar a la superficie  sus narinas.

Para cazar prefiere los cuerpos de aguas lénticos, desde el nivel del mar hasta los 1.000 m.

Se sumerge en el agua, manteniendo fuera las narinas, al  acecho de algún animal sediento que se acerque a beber.

La anaconda es una especie endémica de la cuenca amazónica, y está ampliamente distribuida en las regiones amazónicas de Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Perú, Brasil, Guyana, Guayana Francesa, Surinam. También se la encuentra en algunas islas del Caribe.   

¿Qué come la anaconda verde? (alimentación)

Es, junto con el cocodrilo del Orinoco (Crocodylus intermedius), un gran deprededor de algunos animales del monte, como el capibara, chiguiro o carpincho (Hydrochoerus hydrochaeris). Los especialistas señalan que la anaconda verde vive,  raramente, más de diez años. 

 Disformismo sexual

La anaconda verde constituye un caso notable de disformismo sexual, pues el ejemplar hembra es mucho más grande y pesada que el ejemplar macho, que alcanza una longitud de  4 a 5 m, y un peso que supera difícilmente los 35 kg. 

Descripción de la anaconda verde    

La piel de la anaconda verde es de color verde oscuro, salpicada con dibujos  o manchas de color negro y ocre en los lados o flancos. El color se va aclarando en la parte del vientre.

En la parte terminal de la cola  presenta unos dibujos amarillos y negros, que difieren generalmente de un ejemplar al otro.

El hocico, grande, está cubierto por seis escamas gruesas, tres en cada lado, lo que caracteriza al género Eunectes y las diferencia de las serpientes del género boa.

Todo el cuerpo está cubierto de escamas, salvo en la parte caudal, cerca de la zona de la cloaca. Allí aparecen una suerte de espolones, o restos de sus perdidas extremidades locomotoras. 

Presenta en la cola un patrón particular de diseño, que es un dibujo exclusivo para cada ejemplar, como si fuera la huella dactilar del ser humano.  

Green Anaconda in Trivandrum Zoo Fuente: Mithun.M.Das [CC BY-SA 4.0]

Por otra parte, la cabeza de la anaconda es triangular, grande pero estrecha.

En la parte superior de la cabeza aparecen los ojos, al igual que las narinas. Esa circunstancia favorece la respiración y su capacidad de percepción.

La anaconda como hábil cazadora

Para cazar, emplea los receptores olfativos que se encuentran en la lengua bífida,  grande y negra. Presenta fosetas loreales y pupilas dilatables, por lo que ubica con cierta facilidad a sus presas en la oscuridad. 

La anaconda, a pesar de lo larga y pesada que es, se  desplaza con una gran agilidad. No obstante, sus movimientos son relativamente lentos, y se mueve a una velocidad máxima de 11,3 km/hora.

Para cazar, mueve la lengua, que es su órgano olfativo, conectada al órgano de Jacobsos, situado en la parte superior de la boca para percibir la partículas odoríferas, detectar sonidos, así como el movimiento de las presas por medio de vibraciones en el sustrato (Place y Abramson 2006).  

Visión térmica

Además, pueden captar la presencia de animales cercanos solo por el calor que irradian, distinguiendo la distancia a la que está y el tamaño de la posible presa.  

Antes del combate o cuando va a cazar la presa, se sumerge en el agua y enrosca su cuerpo formando una bola, protegiendo su cabeza,  alistándose para atacar. Entonces, excreta una sustancia de olor desagradable.   

Anaconda al acecho Fuente:: Daniel10ortegaven [CC BY-SA 3.0 ]

Su gran contextura,  tamaño y peso, le dan una potente fuerza y resistencia que le permite apretar a la presa hasta asfixiarla, por grande que esta sea. Así procede con capibaras, venados,  tapires, monos, etc. Lo hace en unos segundos.

Cuando está en tierra, se trepa a los árboles para cazar a su presa. La enrosca con su cuerpo, la lleva al agua y la asfixia, impidiéndole respirar. Abre su boca, desencajando sus mandíbulas, y se traga la presa entera, ayudándose con sus cuatro filas de dientes, comenzando por la cabeza para evitar atorarse.

Anaconda, Pedda Poda, Port Natal Python, Rattlesnake, Rattlesnake Black Variety, and Cobra de Capello from A history of the earth and animated nature (1820) by Oliver Goldsmith (1730-1774). Digitally enhanced from our own original edition.

Para tragar su presa y digerirla, tienen el esófago y el estómago muy delgados, pero flexibles y resistentes para soportar la acción de los jugos gástricos que descomponen los huesos de sus víctimas. 

En la digestión de una presa grande puede durar varias semanas, permaneciendo inactiva en el suelo, o reposando en el agua. Realiza una lenta digestion, y no necesita comer diariamente. Incluso puede durar sin comer hasta unos 8 meses.


Anaconda devora un capibara o chigüire (Hydrochoerus hydrochaeris). Expuesto en el Museo Senckenberg de Francfort-sur-le-Main . Fuente: Eva Kröcher (Eva K.) CC-BY-SA 2.5

Quizás, en la selva, el jaguar (Phantera onca) sea su único depredador.

A veces ella misma se autodepreda. Sucede cuando pare, y debe alimentarse en medio de su inactividad y la temporada es seca. 

Reproducción de la anaconda

Las anacondas hembras alcanzan su madurez sexual entre los 3 y los 5 años de edad.

Atraen a los machos mediante una señal olfativa.

A su llamado acuden varios machos, que la cortejan durante  semanas, compitiendo por el favor de la hembra.

anaconda and woman

En la última semana, se han contado hasta unos trece machos, que se enroscan, formando como una bola, en torno a la hembra, rivalizando para llegar a su cloaca. 

La anaconda hembra es poliándrica, es decir, una hembra copula para reproducirse con varios machos.

Como ella es más grande que el macho, lo somete, eligiendo al de su preferencia, que resulta, por lo general, el más grande y fuerte.

Anaconda

El macho mueve la lengua  y sus espolones se ponen erectos.

Él se frota contra ella. Los espolones del macho estimulan a la región caudal de la hembra. La copulación se completa cuando la hembra levanta su cloaca hacia el macho.

Entonces, el macho la abraza fuertemente, apretando su cola y la parte inferior del cuerpo a su alrededor. Las colas de ambos se enroscan, y las cloacas entran en contacto, produciéndose la inseminación. El período de gestación dura siete meses, y son ovíparas. 

Usos de las partes de la anaconda

La carne de la anaconda es comestible para muchas pueblos indígenas. Su cuero o piel se emplea para hacer artículos de marroquinería. Tales como billeteras, carteras, bolsos, cinturones. Su uso, sin embargo, es mayor en medicina popular tradicional. 

La manteca de las grandes culebras,   como la anaconda y la boa, se emplean como un medicamento efectivo para reducir las inflamaciones, tal como señalan pruebas clínicas (Cabrera- Pachacama 2018, Ferreira et al 2014, Alves et al 2013a, Alves et al 2013b ), y como cicatrizante de heridas (Souza et al  2017, Silva 2008).

Por esa razón, la manteca es uno de los productos más vendidos en los mercados de las ciudades amazónicas  (Pinto y Maduro 2002). También se le recomienda para reumatismo y asma (Alves y Rosa 2007).  

Una especie en peligro

Su utilidad, especialmente la terapéutica,  atenta contra su estado de conservación, aunque casi no ha sido evaluado.

En varias listas rojas de reptiles, como la del Ecuador, la anaconda aparece como una “especie en peligro”.

Su situación se agrava porque es perseguida para obtener su carne y su piel, y especialmente algunos de sus órganos para emplearlos como medicamentos.

La destrucción de su habitat y su caza por parte de los ganaderos, es otro factor coadyuvante que atenta contra su conservación.

Una Anaconda »Eunectes murinus » encontrada atrapada en redes de pesca y llevada de regreso al Lodge en Requena, Loreto, Perú Fuente: Dave Lonsdale (CC-by-2.0)

La matan porque la ven como una amenaza para sus rebaños. Así, los ganaderos y los colonos alteraron  muchas partes donde vivía la anaconda: secaron los esteros y los morichales más frágiles, propiciando la alteración del ecosistema del habitat de la especie, procediendo de manera distinta a como hacen los indígenas amazónicos. 

Mitos, leyendas populares y semiología de la anaconda

Los ofidios están entre los animales que han producido mayor asombro a la humanidad durante toda la historia.

Su insólito aspecto, su rapidez, el mortífero veneno que inoculan, su lengua bífida, su manera de vivir en la sombra, escondida debajo de las piedras o de las hojas secas, o trepada a las ramas de los árboles, la sorpresa que causan y la habilidad con la que actúan.

El mito del hombre-anaconda

Esa fascinación que producen las ha convertido en objeto en símbolos frecuentes en muchas cosmogonías indígenas, particularmente de la cuenca amazónica, en las que se asocian a un ser sobrenatural que son llamados “guíos” en algunas etnias.

El guío es la transformación de un humano en animal.

Algunas leyendas indígenas relatan que un hombre fue ofendido en su dignidad por su mujer, que había realizado comentarios denigrantes de su persona con otras mujeres.

Para cumplir su venganza fue transformado en un animal, tomando la forma de una anaconda que habitaba en los morichales.

Cuando su mujer fue a buscar los frutos del moriche o buriti (Mauritia flexuosa), palma que crece en zonas inundables, el hombre anaconda la atrapó y penetró su cuerpo repetidas veces hasta dejarla exhausta, y luego se la llevó consigo (Parra-Dusán, Amparo Rodríguez 2005: 111).     

Influencia de las anacondas en el arte.

El miedo que despiertan los grandes ofidios, que nos recuerdan a la muerte,  ha concitado la atención de novelistas, cuentistas, poetas, pintores y directores de cine.  

El escritor uruguayo Horacio Quiroga (1878-1937), uno de los maestros del cuento latinoamericano, le dedicó dos de sus relatos más famosos: “Anaconda” y “El regreso de  Anaconda”, en los que puso a una anaconda como protagonista.

Otro escritor, Mathias Bradley, escribió una novela “The terror of the Amazon Rainforest”, también relacionada directamente  con un grupo de anacondas que se escapan de un centro de investigación en plena selva amazónica, y se vuelven monstruosas al tener contacto con una sustancia química tóxica.

Otro novelista, esta vez peruano,  Arturo Hernández, en su novela Sangama, escrita en 1942, relata el combate entre una anaconda, la Yacumama, y un jaguar, en el que la serpiente envuelve el cuerpo del felino y lo lleva al agua para ahogarlo. 

Anaconda: película (the movie)

El cine moderno  ha convertido a la anaconda en objeto de horror en varias de las películas más taquilleras,  como lo fueron los films de la serie Anaconda a finales de la década de 1990.

A pesar de que las  anacondas y las boas  han sido revestidas de una imagen negativa y tenebrosa, los especialistas en herpetología (estudio de reptiles y anfibios) nos muestran animales tímidos, que huyen del ser humano y solo lo atacan si sienten que son agredidos. 

Los antepasados remotos de las anacondas y las boas

Las serpientes descienden de los lagartos, pues resultan, básicamente, grandes lagartos que perdieron  sus patas.

Polyoutis [CC BY-SA 4.0] Anaconda and Squamata skeletons.jpg

Hace cerca de 140 millones de años los saurios comenzaron a cavar la tierra. Para hacerlo, debieron adaptar sus cuerpos: desarrollaron una escama transparente como un párpado fijo para que les protegiera los ojos, y una piel córnea en forma de escamas, de una textura dura, rígida e impermeable parecida a las uñas de los humanos.

En ese tránsito perdieron su oído externo, en cierta manera su sentido auditivo. No tienen orejas ni tímpanos, pero captan los sonidos  y las vibraciones en el suelo , gracias a dos huesos de su cráneo, la mandíbula y la columella, que captan los sonidos y los transmiten al oído interno.  

Las escamas que desarrollaron eran muy convenientes para la protección del cuerpo, pero se volvieron “incómodas” al crecer y al tener que cambiarlas.

Por eso lo hacen cada cierto tiempo, y se tornan irritables durante el proceso. Antes las serpientes se parecían a los lagartos: tenían cuatro patas y dos pulmones, y comenzaron a diferenciarse hace de 130 a 140 millones de años.

Las serpientes primitivas y las evolucionadas

Formaron, entonces, dos grupos: las serpientes primitivas y las serpientes evolucionadas.

Las primitivas estaban representadas por las boas, entre las cuales figuraban las anacondas,  y las pitones, que conservaron sus dos pulmones originales y diminutos rastros de sus patas en el esqueleto.

Las evolucionadas presentan un solo pulmón, y están representadas por dos tipos: las serpientes no venenosas (que llaman “culebras”) y las serpientes venenosas, que son las víboras, cascabeles y cobras.

“Culebra” y “víbora” son, pues, términos antónimos.

Culebras (no venenosas) y víboras (venenosas)

Las serpientes venenosas presentan generalmente la cabeza triangular, poseen una hendidura debajo de cada ojo que se conoce como foseta loreal, y sus escamas son opacas, aunque pueden presentar colores.

Las no venenosas tienen, por su parte, por lo general la cabeza aplanada, carecen de foseta loreal y sus escamas son brillantes. Como puede observarse,  las anacondas no cumplen estas reglas.    

¿Titanoboa o Anaconda gigante?

Algunos especialistas  nombran como titanoboa, concretamente Titanoboa cerrejonensis,  a un ancestro de la anaconda que vivió hace unos 60 millones años, señalando, de acuerdo con la reconstrucción de los restos fósiles encontrados en una mina de carbon del Cerrejón, en el hoy departamento de La Goajira, Colombia,  que esta especie pudo haber medido más de 13 metros de largo y 1.135 kg de peso.

La ubican en el Paleoceno, en Sudamérica, hace unos 60 a 58 millones de años.

Valiéndose de este fósil, se hizo una reconstrucción animada, con piezas metálicas, de 14 metros de largo y 90 kg de peso, que fue expuesta en la Grand central Station, de Nueva York, en 2012, para promocionar un documental de TV, “Titanoboa, The Monster Snake”,  presentado por el Smithsonian Channel el 1 de abril de 2012 (Mead, Bloch y Moreno-Bernal 2013)  

Lalikilpará, Anaconda de más de 50 metros

Las boas y las anacondas

Las anacondas y las boas pertenecen a la familia Boidae. El nombre de boa viene del término en latín “boa”, que significa “asesino de bueyes”.

Muchos llaman indistintamente ambos géneros, Eunectes y Constrictor, como si fueran la misma, y emplean los mismos términos para designarlas.  Pero hay diferencias significativas entre ambas.

La Boa constrictor constrictor (boa cola roja) tiene un tamaño inferior al de Eunectes murinus (anaconda verde), tanto en longitud como en peso. La boa presenta una foseta labial, mientras que la anaconda tiene foseta loreal o termorreceptora.

Ambas detectan cambios de temperatura en el entorno, sobre todo en las posibles presas, pero la foseta loreal es más compleja y completa, pues detecta cambios de hasta 0,0001 °C, y tanto la luz visible (al igual que nosotros) como la radiación infrarroja.

Ambas son buenas nadadoras, pero la vocación acuática de la anaconda es mayor que la de la boa. 

Boa constrictor constrictor cola roja en Guyana. Fuente: Embreus (CC by 2.0)

La descripción de las características de las boas es prácticamente similar a las de las anacondas: lengua bífida, un gran desarrollo del olfato (utilizando la lengua para oler el aire y detectar las sustancias químicas), tienen un sentido auditivo menos desarrollado (carecen de oído externo y tímpano).

Se diferencian básicamente en la longitud, el peso, el color del cuerpo y los patrones de diseño de la cola, pero ambas comparten su hábitat (una más en el agua, la anaconda), sus centros primarios de origen y hasta las presas que  comen y a sus depredadores. 

La más representativa entre otras boas constrictor: B. c. amarale, B. c.  Imperator, B.c. longicauda, B. c. melanogaster, B. c. occidentalis, es la boa cola roja (Boa constrictor constrictor), distribuida  desde el norte de México hasta la Argentina. Habita desde el nivel del mar hasta 1.000 msnm. 

Descripción de las boas.

La B.c. constrictor es la mayor de las boas, alcanzando hasta 4 m de largo en estado salvaje, bien caracterizada por el color rojo brillante al final de su cola.

A lo largo del cuerpo presenta manchas oscuras, sobre un fondo de color beige claro.

Su vientre es de color crema, con puntitos negros.

Su cabeza es ancha y, a cada lado, detrás de los ojos, muestra una raya oscura. Sus ojos son redondos.

Tiene numerosos dientes pequeños.

Posee escamas pequeñas en la parte superior de la cabeza y en los costados del hocico.

Boa constrictor (Jibóia). Fuente: Leandro Avelar [CC BY-SA 4.0]

En el dorso del cuerpo y en la cola tiene manchas en forma de anillos o rayas Negras, amarillas y rojas. 

Posee órganos vestigiales en el cinturón pelviano a manera de uñas a cada lado de la cloaca.

Las hembras son más grandes que los machos, y se asegura que vive hasta 20 años en la naturaleza y hasta 30 años en cautiverio. 

Comportamiento de las boas

La boa cola roja, o matacaballos (Ecuador), o patacona (Colombia),  es un animal solitario y de hábitos nocturnos.

Pasa la mayor parte del tiempo suspendida en las ramas de los árboles o dentro de algún tronco hueco o en alguna madriguera de redores grandes abandonada. 

De allí sale por las noches a cazar, compensando su mala visión con la ayuda de sus escamas termosensibles, para atrapar lagartos, aves en sus nidos, zarigueyas, murciélagos, ratas y otros roedores, ardillas.

Boa constrictor occidentalis. Ejemplar taxidermizado y esqueleto. Fuente: CHUCAO [CC BY-SA 3.0]

Llega a capturar los murciélagos, desde los árboles, en pleno vuelo. Mata a sus presas mediante constricción hasta asfixiarlas.

Las engulle enteras, desde la cabeza. Dura haciendo la digestión por lo menos una semana, dependiendo del tamaño de la presa engullida.

Es depredada, a su vez,  por felinos y aves de rapiña. Es amenazada por la destrucción de su hábitat, por la caza excesiva (para emplear su piel y usar su manteca con fines medicinales) y para su comercio ilegal para su utilización como mascota.

Por esta razón es una especie criada también en cautiverio. No es un animal agresivo, a menos que se le ataque (Pazmiño-Otamendi y Guerra-Correa 2019, Enriquez 1999).  

Reproducción

 La hembra atrae a los machos segregando feromonas. El macho pasa encima de la hembra, presionándola suavemente, incitando la ovulación de la hembra. El macho introduce uno de sus dos hemipenes, o espolones, en la cloaca de la hembra para depositar su esperma. A los cuatro meses, después de mudar su piel, pare entre 20 a 60 crías vivas, 25 en promedio, con una longitud entre 30 y 40 cm (Santoyo-Brito 2007). 

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