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Mitos y leyendas amazónicas sobre la ayahuasca

La vida cotidiana de los pueblos nativos indígenas amazónicos está construida sobre una cosmogonía muy particular, en la que la vida humana está estrechamente interrelacionada con la naturaleza.

En varias culturas amazónicas, como la shuar, en la Amazonía ecuatoriana, existe una fuerza vital y vitalizante que llaman arutam, que está presente en todas partes: en el ser humano, en la naturaleza, dándole significado a la trinidad cosmo-tierra-ser humano.

Esas cosmovisiones se expresan en leyendas, que se transmiten oralmente, de generación en generación, en las que intervienen las plantas, los animales, el agua, la tierra, el fuego, el viento, en continua relación con el ser humano.  Para algunos pueblos ágrafos, sin escritura, en el cosmos es un suceso progresivo que tiene al hombre en el centro, como si fuera el ombligo del mundo (Wong-Robles, Arbeiza-Gonzales 2010), relacionándolo con los elementos de su entorno, la fauna, la flora, las aguas.

Cuando el hombre ve a un animal como una réplica de sí mismo, se trata de una creencia inscrita en el animalismo, y cuando los espíritus toman la apariencia de animales o se reconoce que los animales o las plantas o elementos de la naturaleza tienen alma, se habla de animismo.

En muchas culturas amazónicas, como la awajún, las memorias orales cuentan las proezas de los grandes personajes creando figuras de dimensiones gigantescas o extraordinarios para dejar una huella perdurable de su manera de imaginar el mundo. Así sucede con las culturas de tradición oral. 

La palabra oral tiene  una gran fuerza en esas culturas, especialmente en la narración de sus mitos, para poder relacionarnos con lo sagrado y lo que tiene valor para afrontar las preocupaciones de la existencia.

Oralidad primaria y secundaria

Sujov (1968)  distingue entre oralidad primaria y oralidad secundaria. La memoria de oralidad primaria la emplean las culturas ágrafas, mientras que la secundaria es empleada por culturas con escritura, y que han tenido grados de desarrollo como sucede con la evolución de los sistemas de comunicación.  

La oralidad primaria se trasmite por la palabra de una generación a la otra, y se caracteriza por tener una sintaxis propia, un conocimiento global y transmite su sabiduría a través de la acumulación de saberes ancestrales.

En esas transmisiones orales, a través de las leyendas, aparecen con frecuencia algunos animales, como el jaguar, la boa y la anaconda, el murciélago, el delfín rosado, o plantas como la ayahuasca, la guayusa o la coca, que son plantas maestras o sagradas. 

Mitos sobre la ayahuasca

La ayahuasca, yajé  o yagé, por ejemplo, aparece de manera directa o indirecta en el mito. 

De manera directa en varias leyendas, de las que presentaremos solo una, compartida por los  pueblos desano y tukano, ambos pueblos amazónicos residen en las riberas de los ríos Vaupés, o Uaupés, y Negro, que están situados en las fronteras entre Colombia y Brasil.

Los grupos desano y tukano están emparentados, y corresponen a grupos patrilineales y exogámicos. Comparten una mitología común en la que el agua y la anaconda juegan un papel clave en su concepción del mundo, y el sol es el padre creador de todas las cosas (energía, agua, aire y tierra)

El yagé y la anaconda en el mito amazónico del origen del universo.

En el  mito de creación de los desano, al inicio de los tiempos la Anaconda-canoa  ascendió los ríos para establecer la humanidad y repartirla en la Tierra.

La anaconda en algunos mitos amazónicos

La mujer yagé dejó la maloca y salió preñada, dando a luz al vino yagé en forma de un niño, que cortó su cordón umbilical (Reichel-Dolmatoff 1975). 

Una planta sagrada que ayuda a resolver un crimen

La ayahuasca aparece también de manera indirecta en algunas leyendas. 

Los awajún o aguaruna  viven en la línea fronteriza entre Perú y Ecuador, en la zona del alto Ucayali, tocando regiones peruanas como Loreto y Madre de Dios.

Uno de los animales que juega un rol muy importante en sus mitos fundadores es el murciélago.

La leyenda cuenta que había un murciélago gigante llamado Aetsetseu , que habitaba en la selva. Mataba a las personas y les cortaba la cabeza, pero la gente no sabía quién las mataba.

Para saberlo, usaron una planta sagrada, con el fin de adquirir fuerzas sobrenaturales para descubrir al asesino. Bajo sus efectos, encontraron que el “cortador” de las cabezas era Aetsetseu (Wong-Robles, Arbaiza-Gonzales 2010). 

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