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Cosmovisión amazónica de Bolivia, Colombia y Ecuador

septiembre 8, 2020

Espíritus de la naturaleza o Señores de los recursos naturales

cosmovision amazonica parte 5

Otra forma de mediación entre los seres humanos y la naturaleza amazónica, distinta a la personalizada por el chamán,  es a través de las deidades tutelares responsables, o “dueños”, de los animales, las plantas, el agua y los peces, el bosque y los animales del monte, etc., que aparecen señaladas en las distintas cosmovisiones amazónicas.  

En esta sección me referiré a ese aspecto de la cosmovisión prevaleciente en unas cuantas etnias representativas de cuatro países amazónicos, Bolivia, Colombia,  Ecuador y Perú,  y a la relación que tienen esas comunidades indígenas, por herencia o por aprendizaje directo, con el medio natural que habitan. 

Penetración cultural 

Hay que advertir que  las sociedades indígenas reciben de manera creciente la influencia cultural procedente de las sociedades urbanas, las de “afuera”,  con sus procesos de asimilación cultural. 

Influencias que van desde los sistemas de penetración de los  movimientos religiosos,  los sistemas escolarizados oficiales y los medios de comunicación con su incitación al consumo de bienes y servicios, que presentan  estilos de vida diferentes al prevaleciente en una comunidad nativa indígena amazónica.  

Los pueblos indígenas amazónicos han sido muy penetrados por la sociedad occidental desde los tiempos de la conquista y la colonización. Luego, fueron muy influenciados por las prácticas de las misiones que crearon reducciones indígenas para un mejor control y evangelización. 

Cosmovisión indígena amazónica boliviana

En la Amazonía boliviana existen 29 pueblos indígenas que difieren entre sí, más que por sus prácticas culturales, por el tamaño de su población, de su territorio y por el grado de penetración de la sociedad situada fuera de la Amazonía. 

Los tres grupos indígenas más importantes en número son:  mojo o moxo, movima y  chimane o tsimane. 

Todas las sociedades amazónicas bolivianas, incluidos otros como tacana, moré o de la chiquitanía,  son sociedades que practican el animismo, comparten la creencia de la existencia de seres sobrenaturales, de la vida de ultratumba, del culto a los muertos, y de los seres amos o dueños de la naturaleza

Las 3 esferas del mundo en la cosmovisión indígena boliviana

Creen, por lo general,  que el mundo, creado por los seres míticos,  se divide en  tres esferas: el de arriba (donde moran los arquetipos de todos los seres vivos: animales, plantas y humanos con objeto domésticos, representados por las constelaciones), el terrestre (habitado por el hombre, las plantas y los animales, junto con las deidades principales y las montañas o lugares sagrados) y el de abajo (ocupado por la muerte, las enfermedades y todo lo nocivo). En casi todas las etnias adoran al jaguar y la serpiente. 

El pueblo más numeroso, casi 20.000 personas,  es el mojo o moxo, que habita el departamento del Beni, entre los ríos Río Grande y Mamoré. 

Creen en la vida de ultratumba, y rinden culto a los muertos. Adoran a muchas deidades de la naturaleza. El más importante es el jaguar. Se creen hijos del bosque, río o lago cercano a su asentamiento, a los que consideran lugares sagrados. 

Existen dueños o señores de la naturaleza que son responsables del agua, del animal o de los árboles, y a los que se pide permiso para usarlos. El chamán ocupa un lugar destacado en la comunidad, pues se cree que es elegido por seres sobrenaturales (Szabó 2008).

Cosmovisión indígena amazónica colombiana

En la Amazonía colombiana hay más de 50 pueblos indígenas amazónicos, que comprenden cerca de 70.000 indígenas, agrupados en unas 10 familias lingüísticas. La mayoría se ubica en la parte suroriental, en los departamentos de Amazonas, Guainía y Vaupés. 

Se ubican en muchas áreas: en las cuencas de los ríos Caquetá y Putumayo,  del piedemonte, del Guaviare, del Vaupés, del Caquetá y Apaporis y del Trapecio Amazónico.  Todos ellos han sido sometidos a grandes desplazamientos territoriales, en la explotación de la época del caucho, hacia 1900-1910, y más recientemente por la violencia del narcotráfico y las presiones de los ganaderos. 

En esos grupos las relaciones con la naturaleza están basadas en normas establecidas  que buscan el mantenimiento de un cierto equilibrio dinámico de la energía circundante entre los distintos seres del mundo (Reichel-Dussan 1988). 

Los grupos se ubican en territorios ancestrales  que fueron asignados por el Creador el Padre Sol, que creó plantas y animales, y asignó a cada especie una serie de normas de conducta, que colocó bajo el cuidado de ciertos espíritus o dueños.   

Los dueños de la naturaleza

Los grupos son responsables de  ese territorio, comprendiendo los animales,  las plantas y los minerales que, a su vez, tienen sus propios “dueños”, que son llamados “dueños de la naturaleza”,  para diferenciarlos de los chamanes o curacas que negocian con ellos el control y buen uso de los recursos asignados (Reichel-Dolmatoff 1997). 

De allí que el curaca o chamán, además de sanar,  juegue un importante rol en el funcionamiento de la sociedad como mediador entre los seres humanos y la esfera espiritual, empleando sustancias enteogénicas como el yagé (ayahuasca) o la coca, para acceder al “mundo otro”. 

El chamán visita esos “ecosistemas”, física y espiritualmente, para actualizar sus sistema de contabilidad y vigilar los intercambios, tomando la apariencia, de acuerdo al hábitat visitado, de un jaguar, un caimán, una boa, para negociar con el “dueño de la naturaleza” (Reichel-Dussan 1988).  

El equilibrio de la sociedad, en las actividades fundamentales de la supervivencia indígena (caza, pesca, chacra, recolección) están determinadas por el cumplimiento de las normas responsables del equilibrio sociedad-naturaleza. 

Al principio, plantas y animales eran seres humanos, pero dejaron de serlo por incumplir las normas, desobedeciendo a los mayores. Además, el incumplimiento, derivado del mal uso o del abuso,  puede ser sancionado con escasez, inundaciones, sequías, enfermedades (Van der Hammen 1991;  Castaño-Campos 1997; Acosta, Mendoza 2006; Patiño-Suaza, Sandín-Vásquez 2014; Sanabria-Diago, Argueta-Villamar 2015). 

Para Reichel-Dolmatoff (1997) proporciona un conjunto de principios ecológicos, un “sistema de supervivencia ecológica”, a base de reglas sociales y económicas de un alto valor adaptativo, que se transmiten inter generacionalmente para mantener un equilibrio viable entre los recursos ambientales y las necesidades de la sociedad. 

Cosmovisión amazónica ecuatoriana

En la Amazonía ecuatoriana hay unos 150.000 indígenas, distribuido en unos 11 pueblos indígenas distribuidos en seis provincias. De ellos la etnia mayoritaria es la shuar-achuar, afiliados al tronco lingüístico jivaroano, que comparten la familia lingüística con los aguaruna (awajún), los huambisa (wampis) y los shiwiar. 

El orden social de los shuar y los achuar tiene componentes igualitarios y jerárquico, pero no estratificado. El estatus social no se hereda, y depende de las funciones de cada sexo, la edad, el conocimiento y los esfuerzos personales (Mader 1999: 37).   

Los 3 mundos de los Shuar

Los shuar dividen al universo en tres mundos: el de arriba  (el cielo,  nayaimp, donde está la realidad inmaterial e invisible), el mundo de aquí (conformado por ambas realidades, la visible y la invisible, donde viven etsa, tsunki, nunca y nunca init) y el mundo de abajo (una realidad inmaterial e invisible, morada de iwianch uunt, el rey de los demonios, asistido por tungkuruá, que quema a los espirítus de las personas malas). 

Toda persona está formada por un cuerpo (que regresa a la tierra al morir) y un alma (que sufrirá varias transformaciones hasta convertirse en wampank: si en vida fue buena, irá a una suerte de paraíso, pero si fue mala, se volverá un demonio).  

El principio fundamental de todo el entramado cosmológico de los shuar es el arútam, el poder divino que impregna el universo y el mundo shuar.  

El ser divino mayor  o  idea espiritual máxima es el arútam, que habita en las almas de los humanos, los difuntos, los  espíritus, las plantas y los animales. 

El arútam tiene dos formas: como un ser superior eterno, que da fuerza especial al hombre shuar y lo protege, o como arútam wakán, que corresponde al espíritu de los antepasados, y cuyo poder se nutre del arútam eterno.  

El arútam se manifiesta en forma de espíritus o deidades particulares, que corresponderían a los “dueños”, cada uno en su propio espacio vital y con su propio aspecto: etsa (el espíritu del sol, el bien, que se opone a Iwia, el mal), tsunki (el espíritu o dueño de los ríos y del agua), shakaim (el espíritu del trabajo masculino que le da fuerza y habilidad, en especial en la roza para establecer la chacra o chagra) y nunkui (el espíritu del trabajo femenino, la deidad de la chacra y los cultivos, que representa la fertilidad de la tierra y de la mujer), amasáng (que vive en la selva y es la dueña de los animales). 

Los seres de la naturaleza eran seres humanos, pero perdieron su forma humana y su aparato fonatorio (y el lenguaje), conservando algunos atributos, como la vida de la consciencia y una sociabilidad ordenada de acuerdo con las reglas del mundo de las personas completas.  

La comunicación entre las entidades humanas  está basada en los amuletos, nantar, y en los  ánent, que son cánticos de gran fuerza que expresan sus mensajes a través de las almas, los animales y los sueños.  Y es intermediado en su interpretación por el uwishin, brujo o chamán (Pueblos Originarios 2017; Arias-Gutiérrez, Herrera-Sorzano, González-Sousa 2016; Brammer de Rodríguez 2015; Plhakova 2010; Mader 1999; Descola 1998; Fuentes 1997;  Delgado -Sumar 1986).