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Rhynchophorus palmarum

febrero 20, 2020

Un insecto malo para la agricultura pero bueno para el consumo humano

Rhynchophorus palmarum

El suri, chontacuro o larva del escarabajo Rhynchophorus palmarum, es al mismo tiempo una plaga, un super-alimento e incluso una medicina.

Es una plaga porque destruye los cultivos comerciales ocasionando significativas pérdidas económicas. 

Un super-alimento por su alto valor nutricional aprovechado por muchas comunidades indígenas amazónicas para complementar su dieta alimentaria. En especial durante las épocas en que escasean los productos de la caza y de la pesca

Y es también usado como medicina, ya verán con qué propósitos…

Taxonomía

El coleóptero Rhynchophorus palmarum pertenece al orden Coleoptera, familia Curculionidae, tribu Rhynchophorini. El género Rhynchophorus está constituido por diez especies. 

De ellas, tres están presentes en el neotrópico: R. cruentatus, R.richeri y R. palmarum. 

escarabajo Rhynchophorus palmarum
Escarabajo de la especie Rhynchophorus palmarum
Fuente: USA, TX, Bastrop Co. Little Sandy Creek at Co. Rd. 49
29.iv.1995 R. Stanford coll. (Dominio Público)

Hábitat

El Rhynchophorus palmarum es una especie ampliamente distribuida en el neotrópico, desde el sureste de California y Texas hasta Bolivia, Perú, Paraguay, Uruguay y Argentina, en un rango altitudinal que va desde 0 hasta 1.200 msnm (Watanapongsiri, 1966; Jaffé y Sánchez, 1992; Sánchez y Cerda, 1993).

Nombres comunes 

Este interesante insecto es conocido con muchos nombres comunes: cucarrón, cigarrón, gorgojo, gorgojo de palma, casanga, picudo, picudo negro, picudo del cocotero.

Su larva es llamada, en las regiones amazónicas,  suri (Perú), chontacuro, mukint, mukindi (Ecuador), gualpa (Colombia), gusano de palma (Venezuela), aparte de los muchos otros nombres que se le dan en las distintas partes de la cuenca amazónica: mojojoi, mojomoi, mojotoi, casanga, mujín, gusano de cogollo, ou, yoi-teguei, etc.   

Descripción del Rhynchophorus palmarum y de su instar larvario

Se trata de un escarabajo de color negro mate, de un tamaño que varía entre 2 y 5 cm. 

En estado adulto,  este coleóptero presenta diformismo sexual, es decir,  se diferencia el macho de la hembra. 

La hembra tiene el pico curvado y liso, y más largo que el del macho. 

El macho se reconoce con facilidad porque, además,  lleva un penacho de setas en la parte dorsal del pico. 

Image from page 208 of "A manual of dangerous insects likely to be introduced in the United States through importations" (1917)

Comportamiento

Ambos, macho y hembra, presentan actividad tanto en el día como en la noche. Se les observa en los troncos caídos de las palmas durante las horas tempranas de la mañana o a la caída de la tarde. Aunque son más activos hacia las 11 de la noche (Aldana de la Torre et al, 2015: 11-13, Mexzón, Chinchilla, Salamanca, 1994; Griffith, 1987). 

Reproducción

La hembra pone sus huevos de color blanco crema, de un tamaño que fluctúa entre 2,5 y 1,0 mm.

Los deposita, en un promedio de 900 unidades,  en posición vertical sobre el tejido blando del tronco abierto de la palma, protegiéndolo con una sustancia cerosa marrón. 

Tras dos o cuatro días, emergen las larvas, sin patas. En esta etapa, su cuerpo tiene una longitud de un poco más de 3 mm, ligeramente curvado en el vientre.  

A partir de allí comienza su desarrollo en nueve instares, que se prolongan entre 42 y 62 días. Cuando alcanza el instar IX se convierte en pupa.  

Luego, toma de 30 a 45 días para que emerja  el adulto, y de 7 a 11 días para abandonar el capullo (Aldana de la Torre at al, 2015; Aldana de la Torre et al, 2011) 

Las hembras ovipositan en los cortes de las bases peciolares de las palmas con heridas o pudriciones.

Image from page 775 of "Bulletin de la Société nationale d'acclimatation de France" (1882)

Ciclo de vida del suri o chontacuro

Allí, dentro de la palma infectada, generalmente por pudrición del cogollo,  se desarrolla el insecto, cumpliendo su ciclo de vida total (Aldana de la Torre et al, 2011: 21), dependiendo del material o sustrato del que se alimenta (sustrato colonizado).  

El ciclo de vida  va de 119 a 231 días, cuando se les cría en laboratorio (Genty et al, 1978), y en condiciones normales, en un mínimo de 122 días: 3,5 días  como huevo, 60,5 días como larva, 16 días como ninfa y 42 días como adulto (González y García, 1992; Pérez y Innacore, 2006; Ramos-Elourdoy y Viejo, 2007).  

Las hembras presentan un período de oviposición hasta de 43 días. 

Una hembra puede ovipositar hasta 63 huevos en un día, y de 697 a 924  durante todo su ciclo (Aldana de la Torre et al,  2015; Sánchez et al, 1993; González Camino, 1974, Hagley, 1965).  En el instar final, la larva tiene una longitud de 5 a 6 cm, y un peso de 12 a 30 g (Cerda, et al, 2001).

Las hembras del Rhynchophorus palmarum son atraídas por los compuestos volátiles que emanan de las palmas con heridas o pudriciones, buscando alimentarse de sus tejidos blandos. 

Plantas hospederas

Se han registrado 31 especies de plantas hospederas del suri o chontacuro, pertenecientes a 12 familias. Entre ellas, predomina la familia Palmaceae con 19 especies, principalmente Elaies guineensis y Cocos nucifera, de gran importancia económica. 

De las 19, hay 11 especies de palmas amazónicas hospederas del Rhynchophorus palmarum

Entre ellas,  Mauritia flexuosa, Maximiliana regia, Bactris gasipaes, Oenocarpus  bataua, Euterpe oleracea, Astrocaryum huicungo, de gran importancia para la alimentación humana en la cuenca amazónica. 

De las 11, tres especies de palmas resultan muy afectadas: buriti, aguaje, morete, muriti o moriche (Mauritia flexuosa), ungurahui, ungurahua o seje (Oenocarpus bataua) y cucurito (Maximiliana regia) (Barragán y  Carpio, 2008). 

Rhynchophorus palmarum, insecto polífago, también causa daños en frutales como papaya, mango, aguacate, naranja, guayaba, al alimentarse de las frutas maduras. Y, además, en la caña de azúcar, el plátano el cacao y la piña. 

Pero hay una diferencia: en estas plantas, el  Rhynchophorus palmarum produce daños, pero no se comporta como plaga. Solo actúa así solo en el caso de las palmas y la caña de azúcar (Aldana de la Torre et al, 2015; Sánchez y Cerda, 1993).

Rhynchophorus palmarum como plaga

El Rhynchophorus palmarum es una plaga devastadora de algunas palmas de importancia económica que constituyen plantaciones comerciales como el coco y la palma aceitera. También algunas palmas amazónicas de gran interés utilitario para las comunidades indígenas nativas (Cartay, 2016: 151-156).  

Rhynchophorus palmarum
Gorgojo de la palma (Rhynchophorus palmarum) Fuente: Bernard DUPONT from FRANCE / CC BY-SA

Cuando Rhynchophorus palmarum es atraído por las heridas y pudriciones en los tallos y el cogollo de las palmas, deposita sus huevos en los tejidos blandos y es infectado por el nematodo Bursaphelenchus cocophilus (Bc, en adelante), que es el principal causante del síndrome del anillo rojo u hoja pequeña, que ha devastado las plantaciones de cocotero y de palma africana localizadas en América Central y América del Sur. 

El nematodo Bc es un endoparásito migratorio obligado, que cumple toda su vida  dentro de la palma y sin multiplicarse al interior de los insectos diseminadores (Aldana de la Torre et al , 2015). 

El nematodo   es adquirido por la larva de Rhynchophorus palmarum, que actúa como su principal vector, manteniéndolo a través de las mudas hasta alcanzar el estado adulto. 

Al abandonar la palma enferma, puede infectar a  tres o cuatro palmas vecinas sanas, produciendo graves daños (Mosquera-Blandín; Viáfara, 2008).  

Metodos de control de esta plaga

La campaña de combate y control se hace empleando trampas o  envases de plástico (trampas olfativas de captura), colocando feromonas de agregación sintética o natural para atraer los insectos

Las trampas se colocan en el campo a una distancia de 1 a 2 hectáreas en las áreas más infectadas (Chinchilla y Escobar, 2007; Couturier et al, 1996; Chinchilla, Menjivar y Arias, 1991). 

Rhynchophorus palmarum como alimento

En el caso de la cuenca del Amazonas las larvas de los escarabajos Rhynchophorus palmarum y Rhinostomus barbirothis  son las de mayor consumo (Araujo et al, 2007; Dufour, 1987) aunque la primacía le corresponde, con una gran ventaja, a Rhynchophorus palmarum (Paoletti et al, 2001). 

Hay que señalar, sin embargo, que esa afirmación no es generalizable para todos los países de la cuenca

Una excepción muy notable es el Brasil, en cuya región  amazónica se consumen principalmente insectos himenópteros (hormigas, termitas, avispas y abejas) (Costa-Neto y Ramos-Elourdoy, 2006: 423; Jara, 1996). 

No obstante, el consumo de Rhynchophorus palmarum existe, aunque no se contaba con muchos estudios al respecto, al menos hasta finales de la década de 1970 (Posey, 1978). 

Primeros estudios científicos del Rhynchophorus palmarum

Es interesante mencionar que  una de las referencias más antiguas sobre el consumo de Rhynchophorus palmarum en la Amazonía brasileña se remonta al año de 1844, realizada por Marte ( Coimbra, 1983). 

Investigaciones realizadas por Coimbra (1983) entre los indígenas suruí, de Rondonio, Brasil,  determinó el consumo de larvas de Rhynchophorus palmarum y de  Rhia barbirostris.

Los miembros de este pueblo la llaman indistintamente kadeg y mjora. Pero le dan otros nombres dependiendo de la especie de planta en la que las obtienen. Para este caso, emplean el sufijo teguei.

Si las obtienen de Jaractia dodecaphylla (que conocen como ihboga), las larvas son denominadas ihboga-teguei, y si las extraen de Jessenia bataua (yoi), las nombran yoi-teguei.   

Fuente de proteínas

Las larvas de Rhynchophorus palmarum constituyen una fuente de proteínas y de grasas empleada en las comunidades indígenas nativas amazónicas para complementar su alimentación, basada en la caza, la pesca y la chacra,  en condiciones normales. 

Esa fuente de proteínas pudiera ser también  utilizada por el resto, alimentaria, pues la larva Rhynchophorus palmarum constituye, así como los insectos comestibles en general, una posibilidad proteínica, de alto valor biológico y bajo costo. 

¿Dónde comprar?

Es interesante constatar que en las zonas urbanas de muchas regiones amazónicas, se expende libremente insectos comestibles. 

En los mercados de Iquitos las larvas de Rhynchophorus palmarum se comercializan en diferentes presentaciones: vivos, cocidos y asados.  Vargas et al (2013: 65) señalaron que allí se vende un promedio de 3.500 unidades por día, en especial en los fines de semana.  

pinchos de la larva del escarabajo de palma Rhynchophorus palmarumsuri o chontacuro
Pinchos de la larva del escarabajo de palma Rhynchophorus palmarumsuri o chontacuro, en mercado en Iquitos. Fuente: Uli von Oben / CC BY-SA

Uso de insectos comestibles en la Amazonía

Aunque no se declare abiertamente, el consumo de insectos es frecuente en toda la cuenca amazónica. 

Eso es evidente si uno hace una  visita a cualquier comunidad indígena durante la época de lluvia.

En algunas comunidades nativas de la región Loreto, en la Amazonía peruana, registré de manera directa el consumo de nueve especies de  insectos pertenecientes a varias órdenes.

El más consumido fue el Rhynchophorus palmarum, en estrecha correspondencia con la amplia distribución geográfica y la abundancia de algunas plantas hospederas como Mauritia flexuosa, aguaje.

En la selva baja se encuentran enormes rodales de esa palma que se conocen como aguajales (Cartay, 2016:160). 

Modos de preparación

Los indígenas consumen las larvas en fresco, vivas,  o muertas, asadas o fritas. 

En las zonas urbanas de la Amazonía las sirven fritas en su propia grasa, o asada al fuego directo. 

Esta forma de preparación y consumo constituye una imitación del modo indígena. 

Los cocineros urbanos más sofisticados ofrecen su producto en ensalada, o envuelto a la manera de un tequeño, o ensartando las larvas en un pincho como si se tratara de una brocheta o kebab turco.

Así sucede en los restaurantes de Iquitos, en el Perú, o de Puyo, en el Ecuador, o de Leticia,  en Colombia, o de Puerto Ayacucho, en Venezuela.  

Otros cocineros han incorporado la larva en algunas preparaciones típicas de la cocina regional, de la Amazonía peruana. 

Tenemos así el juane de chonta (palmito), que mezcla palmita, inflorescencia  tierna comestible de algunas palmas amazónicas, con suris o gusanos de palma (Chirif, 2016).  

Brewer-Carías (2013: 150) recomienda cortar el extremo de la larva antes de consumirla en crudo, para reducir su sabor picante probablemente ocasionado por sus jugos digestivos.

Así proceden los yanomamo, de la frontera de la Amazonía entre Brasil y Venezuela.

Los integrantes de estas comunidades muerden la larva detrás de la cabeza torcida, y retiran los intestinos y la cabeza, con sus dientes (Chagnon, 1968).    

Valor nutricional

En el caso específico de la larva  Rhynchophorus palmarum, el contenido proteínico es de un 76 %, claramente superior al de la carne de res, que es de un 50 a 57 %. 

Algo similar ocurre  con el contenido de grasas que, en las carnes,  va desde un 17 % en el pescado, hasta un 19 % en  la carne de res. 

En el caso de la larva del coleóptero Rhynchophorus palmarum, este valor  oscila entre 21 y 54 %,  presentando, además, una mejor composición. 

La piel es, en particular, rica en aceites. Se trata de aceites grasos del tipo insaturado: linoleico, linolénico y otros poliinsaturados (Cerda et al, 1999; Cerda et al, 2001; Bukkens, 2005; Ramos-Elourdoy, 2005; Váldez y Untiveros, 2010; Sancho, 2012; Landívar-Valverde, 2012; Vargas et al, 2013;  Sancho, Álvarez y Fernández, 2015). 

En cuanto al valor calórico total, las larvas de coleóptero  presentan valores calóricos en torno a 560 kcal/ 100 g, superiores en comparación con el de 430 kcal/ 100 g de la carne de res (Costa-Neto y Ramos-Elourdoy, 2006).

Protocultivo del suri o chontacuro

El insecto en la cuenca amazónica es objeto de la actividad de recolección que realizan las comunidades indígenas amazónicas. 

Con ese fin, es necesario conocer los cambios producidos en la larva. Los lapsos de los instares del Rhynchophorus palmarum son importantes para determinar el período de recolección en la selva.

Este es un conocimiento que los indígenas manejan a la perfección y que transmiten de generación en generaci´´on. Etnoetología lo llama Posey (1976).

Tiempos de cosecha

Para recogerlo, debe haber pasado, al menos, una semana tras su período de incubación, para garantizar que ya sea larva.

Además debe haber alcanzado un peso cercano a los 12 g, y estar gorda como un dedo. 

Otra característica que demuestra su estado de evolución ideal para la cosecha es su color entre crema y marrón. 

Guzmán-Mendoza (2011) señala que es importante distinguir la fase de larva, para ser considerada como alimento.

Las condiciones ideales ocurren al cabo de unos dos meses de vida, una vez que se haya producido el período de infestación, que no ocurre de manera inmediata tras talar la palma. Para infestar los troncos derribados hay períodos más propicios que otros. 

Tiempos de infestación o “siembra”

Ramos-Elourdoy et al (2007) señalan que el período de mayor infestación ocurre, en la Amazonía,  entre agosto y octubre, dependiendo de las zonas y de la época de lluvias.

Es normalmente en esos meses cuando se acelera la pudrición del tallo, haciendo más blando el tronco y propiciando la perforación por el insecto. Eso se produce de manera natural o inducida por el hombre. 

Cuando la acción humana interviene, la actividad recolectora va mucho más allá, convirtiéndose en la práctica en una labor de cultivo o de protocultivo, como la llamaron Ramos-Elourdoy y Viejo (2007). 

En este caso, el indígena tala la palma, y en el tronco derribado hace una incisión aproximada  de 10 por 10 cm, y abandona el lugar, dejando una marca para identificarlo. 

Dos meses después regresa al sitio, sabiendo qué buscar y dónde (Ortiz-Quijano, 1993). 

La palma es talada, en el bosque, a una edad de 30 a 40 años, ocasionando un daño ecológico, aunque se registre abundancia de la especie palmácea, daño que puede evitarse cuando la larva se cría en laboratorio). 

Modo de recolección

Pasado un tiempo, de 35 a 40 días, que el indígena conoce bien, regresa al sitio, pero  esta vez cargando con un hacha y un recipiente para recolectar las larvas. 

Abre la corteza del tronco con el hacha, y extrae de 30 a 40 larvas cada vez, la cosecha de un día. 

Una palmera entera puede producir un total de 500 larvas. Luego, el recolector lleva las larvas a su casa para consumirlas en familia. 

La fecha de mayor recolección va, en la Amazonía peruana, de julio a octubre, tanto en la selva Baja como en la Alta. 

Dependiendo de la estación, cambian los recolectores. Si es época de caza o de pesca, y los hombres se ausentan de la comunidad, la recolección le corresponde a las mujeres y a los niños. 

Los suruí, de Brasil, oyen “hablar las larvas”, poniéndose de cuclillas y pegando el oído al tronco infestado. Es, entonces, el tiempo de recogerlas (Coimbra, 1983). 

El “cultivo” o “protocultivo” de Rhynchophorus palmarum no es una tarea simple.

Infestación inducida

Araujo y Becerra (2007) y Arango-Gutiérrez (2012) señalan que las etnias yekuana y  piaroa, de la Amazonía venezolana inducen con sus prácticas la cría de Rhynchophorus palmarum, al que reconocen grandes virtudes alimentarias.  

Recolectan las larvas de los troncos caídos de palma y las trasladan a sus viviendas, donde las alimentan para criarlas (en ese proceso se registra un alto canibalismo entre la larvas, si no  se separan en celdas individuales). 

Con alimento se usan trocitos de tejidos vegetales blandos  de troncos de palmas seleccionadas. 

En algunos casos, como en la Amazonía ecuatoriana,  entre los shuar, se usan trozos de papaya y de caña de azúcar (Moquecho-Saltos; Quezada-Quezada, 2017).  

Algunos prefieren emplear tejidos de la palma de seje (Jessenia bataua), argumentando que, al consumirlos,  las larvas adquieren un mejor sabor.

Para su “cultivo” talan intencionalmente palmas sanas, seccionan sus troncos longitudinalmente para atraer y concentrar un mayor número de individuos infestadores sobre la fuente alimenticia, favoreciendo la cópula y la oviposición. Pasado un lapso de 35 a 45 días, cosechan las larvas y las consumen,  cociéndolas a fuego lento hasta que queden crujientes. 

Bukkens (2005) apunta que la recolección es planificada y altamente predecible al provocar la infestación del tronco derribado. 

El Rhynchophorus palmarum como medicamento y símbolo  

Se sabe que al consumir alimentos, se consumen, a la vez, símbolos, significados, significantes. De tal manera que el consumo de insectos  va más allá de obtener nutrientes en momentos de escasez o para suplir carencias de proteínas y grasas. Toda sustancia alimenticia debe ser vista desde una óptica tridimensional, pues aporta, al mismo tiempo, nutrientes, medicamentos y símbolos. 

El consumo de insectos en las diferentes regiones de la cuenca amazónica se inscribe en el seno de  una cultura desde esa triple condición, cuyos miembros utilizan símbolos para pensarse, como individuos y como  ente social, expresarse y pensar su cultura. 

En la etnia shuar, de la provincia Morona Santiago, en la Amazonía ecuatoriana, se elaboran cremas de uso tópico  para calmar dolores artríticos y reumáticos, y se dan larvas vivas a los niños que sufren de anemia para curarlos (Marquecho-Saltos; Quezada-Quezada, 2017).  

Los alimentos contienen mensajes o relatos que sirven, junto con otros elementos culturales, para insertarse en el mundo o imaginario de una cultura. 

Esos mensajes son transmitidos inter-generacionalmente e incorporados, con ajustes, en los patrones alimentarios de un grupo social (Washlqvist y Lee, 2007).

Mitos, leyendas y costumbres en torno a este escarabajo

Macera y Casanto (2011:242) mencionan que para los miembros de la etnia indígena amazónica asháninka la larva suri (imooqui) tiene un dueño o dios tutelar, el imoobo, al que se debe pedir permiso para consumir el  insecto.  

En la leyenda asháninka,  el imoobo es una viejecita que terminó enviciándose de tanto comer suri.

Jara (1996: 226), por su parte, refirió que los andoque y desana, pueblos indígenas de la Amazonía colombiana, grandes consumidores de Rhynchophorus palmarum , ven en la metamorfosis  del insecto la expresión de un poder mágico transformador. 

Al escarabajo, tenido como el padre de la larva, se le atribuye un poder generativo masculino, que penetra con su pico, el penis, el tronco perforado de la palma, que corresponde a la vagina. La larva es, para ellos, un producto híbrido animal/vegetal que se produce dentro de un proceso de transformación chamanístico. 

Los Yucuna, de la Amazonía colombiana, distinguen tres tipos de larvas de escarabajo Rhynchophorus palmarum, que llaman mojojoi: la mumuna, pequeña; la huachurú, la mediana, y ñamaja, la grande.

Son larvas recogidas por mujeres y niños, y son objeto de trueque o de don. Regalarlas es una demostración de afecto, que entregan envolviéndolas en pedazos de hojas de palma y atándolas con fibras de bejuco (Ortiz-Quijano, 1993: 8-9).

El consumo de insectos en las ciudades

El simbolismo del consumo de insectos es diferente cuando ocurre entre consumidores urbanos no amazónicos.

En su imaginario, el insecto comestible se sale de la cotidianidad para convertirse en una materia exótica que, en algunos casos,  convoca al asombro y puede convertirse en objeto de consumo y de turismo gastronómico.

Pero en otros, la mayoría, crea rechazo, por considerar al insecto un elemento sucio y de apariencia desagradable, que despierta sentimientos de aprensión y de asco, que puede provocar fobia y náusea.