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Curare: la clave de un nuevo paradigma científico

Efectos, usos, propiedades, antídoto historia, estudios y más.

El curare es tenido en el mundo por un veneno, aunque en sentido muy estricto sea un veneno muy particular. 

El efecto letal del curare en los seres humanos.

Los efectos del curare no interesan a la circulación sanguínea, ni al sistema cardiovascular o al corazón (ver: tipos de venenos). 

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Archivo: Strychnos toxifera – Köhler–s Medizinal-Pflanzen-267.jpg Fuente: Franz Eugen Köhler, Köhler’s Medizinal-Pflanzen [Public domain]

El curare actúa como un bloqueador neuromuscular que termina matando por asfixia. Como si fuera alguien se te introdujera en el cuerpo para impedirte que respires. 

El veneno neurotóxico, con el que puede identificarse  el curare, produce parálisis fláccida y letal por bloqueo neuromuscular no despolarizante. 

La insuficiencia respiratoria es un efecto secundario, resultante del shock cardiovascular o de la parálisis de los músculos respiratorios. 

Las descripciones médicas de una muerte provocada por una alta dosis de curare hacen referencia a que una persona muere de asfixia, sin daño cerebral, con su corazón latiendo, pero que ya no puede respirar, como si estuviera en una mesa de operaciones quirúrgicas,  se le haya administrado mal la dosis de anestesia y no funcionara la respiración artificial. 

La acetilcolina

La acetilcolina es una sustancia química que facilita la transmisión de los impulsos nerviosos, y se encuentra a lo largo de todo el encéfalo y en el sistema nervioso autónomo. 

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Curare. Fuente: Tpa2067 [CC BY-SA 3.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)]

La acetilcolina  es un neurotransmisor, es decir,  actúa como mediador en la actividad sináptica del sistema nervioso. 

La señal nerviosa se transmite a través de impulsos bioeléctricos generados  por la neuronas y transportados de una neurona a otra, en el espacio sináptico, gracias a la intervención de los neurotransmisores. 

Los neurotransmisores transmiten señales de una neurona a la otra a través de la sinapsis, provocando un efecto excitatorio o inhibitorio  sobre la neurona que recibe la señal, es decir, la neurona postsináptica.

Una vez que la acetilcolina actúa,  se degrada por acción de una enzima llamada acetilcolinoesterasa.  

La acetilcolina es una sustancia de gran importancia en el sistema nervioso autónomo, transmitiendo señales  entre los nervios motores y los músculos. 

Gracias a la acción de la acetilcolina  se produce la contracción de los músculos, ya que intermedia ese movimiento muscular  que ha sido estimulado por un impulso nervioso. 

La acetilcolina ayuda al control motor, al movimiento voluntario de los músculos, provocando la contracción necesaria para el movimiento.  Si esa señal no se produce, porque se inhibe la acetilcolina y no actúa, el músculo no se mueve o se produce debilidad muscular y fatiga, dejando los músculos de funcionar.  

¿Dónde comprar acetilcolina?

Hoy en día la acetilcolina se consigue en capsulas como “alimento para el cerebro.

De ella se dice que mejora la función cognitiva y la lucidez mental, ayuda a mejorar la memoria y mejora la capacidad para enfocarse en alguna tarea mental.

El curare se une  a los receptores de la acetilcolina y la bloquean, impidiendo su acción,  produciéndose parálisis muscular. 

¿Qué efectos produce el curare?  

Cuando el curare llega a la sangre empieza a actuar, produciéndose parálisis muscular motora. Los primeros músculos en ser afectados son los músculos oculares y faciales. 

Luego viene la musculatura  de las extremidades, del cuello y del tronco. Después se paralizan los músculos intercostales y el diafragma, lo que causa la asfixia o apnea. 

¿Cual es el antídoto contra el curare?

La gente le da más valor a los músculos visibles del cuerpo, los que muestra y de los que se enorgullece. 

Pocos valoran a los músculos invisibles que intervienen para realizar las fases de inspiración (entrada del aire de la atmósfera a los pulmones) y de espiración (salida del aire desde los pulmones). 

Si esos músculos encargados de facilitar la ventilación pulmonar dejaran de funcionar, nos asfixiaríamos  y moriríamos, a menos que la acción sea revertida.

Los documentos históricos señalan que los españoles torturaban a los indígenas para que les dijeran el antídoto contra el curare, para salvarse de la muerte segura provocado por el curare. Pero ningún chamán o curandero indígena reveló los saberes tradicionales de su pueblo, saberes que habían sido transmitidos de generación en generación, y que constituían su patrimonio y su identidad. 

¿Cómo lo usaban los indígenas?

  • Para la caza: 

La pesca era facilitada con la ayuda del barbasco. La caza, con la ayuda del curare. 

  • Para la guerra: 

En los tiempos de guerra, el curare actuaba como un arma mortífera contra los enemigos. 

Archivo: Indios sudamericanos preparando una flecha venenosa de curare. This file comes from Wellcome Images, a website operated by Wellcome Trust, a global charitable foundation based in the United Kingdom. Refer to Wellcome blog post (archive). [CC BY 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by/4.0)]

Los indígenas usaban el curare desde mucho tiempo  antes de la llegada de los españoles o de los portugueses a la cuenca amazónica.

Tenían muchas maneras de elaborarlo. 

Usaban diferentes plantas para hacerlo, de acuerdo con las regiones donde vivían. Desarrollaban distintas mezclas de acuerdo a los propósitos que perseguían. De allí que no exista un único tipo de  curare, ni una planta en particular, ni una forma de mezcla. 

Historia del curare

Los cronistas dejaron muchos testimonios sobre el uso indígena del curare, muchas veces errados.    

El primer extranjero en dar testimonio por escrito del uso del curare fue el cronista Pedro Mártir de Anglería (1457-1526), en su libro De Orbe Novo, en 1516, que se tradujo como Décadas del Nuevo Mundo, que cubren desde 1493 y 1526.

Pedro Mártir nunca visitó América, por tal razón otros cronistas, como Bartolomé de las Casas y Fernández de Oviedo, lo tildaron de mentiroso. Escribió  que el curare era preparado por un grupo de ancianas en secreto, que estaban aisladas y que a menudo morían por inhalar los gases. Lo cual es falso. Además el curare inhalado o consumido por vía oral no tiene ningún efecto sobre la persona. 

El médico y botánico sevillano Nicolás Bautista Monardes (1493-1588) escribió varios libros. Uno de ellos fue Historia medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales. Allí hizo referencias sobre el curare y describió el ritual de su  preparación. 

Sir Walter Raleigh

Otra referencia sobre el curare la hizo sir Walter Raleigh, un corsario al servicio del reino de Inglaterra. Raleigh estuvo un tiempo en América en busca de El Dorado. Al regresar de Guyana, una colonia inglesa, en 1595, relató su experiencia americana en tonos dramáticos, plagados de falsedades y exageraciones. 

Escribió que los soldados heridos por flechas envenenadas de curare, le decían ourari, permanecían inmóviles, pero conscientes, con la vista fija, e incapaces de gritar o llorar durante la agonía.

En otra parte de su relato dijo, en una evidente exageración, que algunas veces morían rematadamente locos, con los intestinos salidos del vientre en medio de una hediondez que impedía su auxilio o asistencia. Fue la primera descripción de la parálisis muscular que provocaba el curare, sin alterar la consciencia, lo que se describiría unos siglos más tarde. 

Experimentos científicos y otros usos

En 1735 La Academia Francesa de Ciencias financió la expedición de la misión geodésica  a Ecuador para medir la longitud del grado del meridiano terrestre, dirigida por el sabio francés Charles Marie de La Condamine (1701-1774). 

Cumplida su misión al sur del Ecuador, realizó  un viaje por su cuenta al Amazonas. Al regresar a Francia en 1744 publicó un libro en el que hizo referencia  a las plantas de caucho y de quina, señalando que obtuvo muestras de la pasta de curare, con la cual hizo algunos experimentos empleando pollos. 

Brockelsby

Para esos años  el curare fue estudiado en la Universidad de Leiden, en Holanda. El inglés Brockelsby reportó haber experimentado con el curare, inyectándolo en la pata de un gato. Observó que la respiración le  fallaba al animal, mientras el corazón seguía latiendo por más de dos horas. 

Fontana

En 1780 el abate florentino Félix Fontana, de la misma Universidad, registró la inocuidad del curare al incorporarlo por vía oral y que su inhalación no causaba envenenamiento. 

Humboldt

Alejandro von Humboldt (1769-1859) exploró el territorio venezolano entre 1799 y 1804. Más tarde, en su libro Diario de viaje  a las regiones equinocciales del Nuevo Continente, relató en detalle el proceso de elaboración del curare en el Alto Orinoco, señalando que era venenoso en la sangre, pero que se empleaba por vía oral como un medicamento. 

Waterton

En 1812 Charles Waterton, naturalista y taxidermista inglés, viajó a la Guayana Británica, y llevó a Londres muestras de curare. En un experimento Inyectó curare en la pierna de un asno, pero  antes la había ligado fuertemente para obstaculizar el paso del veneno.

Tras la punción, el asno caminó sin problemas. Entonces le quitó la ligadura, y diez minutos después el animal se desplomó y murió por asfixia. 

Brodie

Ese mismo año, el cirujano Benjamín Brodie, miembro de la Royal Society, en Londres, hizo una prueba con una burra, sin ligar su extremidad. En pocos minutos, el animal se paralizó, deteniéndose su respiración, mientras el corazón seguía latiendo.

Entonces, le practicó de inmediato una traqueotomía y logró resucitar al animal, manteniendo una ventilación rítmica durante dos horas. Luego el animal se incorporó. Sobrevivió, y logró vivir dos años más después del experimento. Brodie demostró también que el curare mataba por asfixia, sin causar grandes efectos sobre el corazón o el cerebro. 

Los diferentes tipos de curare  

No se había advertido que el curare empleado en las diferentes pruebas no era el mismo. 

El que provenía de la Guayana Británica y de la cuenca del río Orinoco se elaboraba con la corteza y las raíces de una enredadera  del género strychnos y contenía estricnina, predominando  los efectos convulsionantes, que enmascaraba el efecto paralizante del curare. 

Planta de Curare en el Jardín Botánico de Lima. Fuente: Esly Espinoza [CC BY-SA 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0)]

Las otras muestras provenían de la Amazonía ecuatoriana y peruana y se prepararon usando como base otra enredadera, Chondrodendron  tomentosum,  con un elevado contenido de curare. 

¿Cómo se prepara el curare?

Alejandro von Humboldt realizó una de las primeras descripciones sobre la preparación de la pasta de curare. Había visto prepararlo en el Alto Orinoco en su viaje a Venezuela, entre 1799 y 1804. 

Otra descripción le correspondió a Richard Evans Schultes, un  explorador y botánico que ha sido considerado el padre de la etnobotánica, quien vivió durante algunos años en la región del Putumayo, en la Amazonía colombiana, y vio muchas veces su preparación entre los cofanes (Schultes 1991: 265). 

El curare es preparado por un chamán, quien aprendió la técnica de otro chamán, pasándose el conocimiento de una generación a la otra. Antes de preparar la sustancia, que termina siendo una pasta negra y densa, el chamán hace ayuno de algunos alimentos. El curare es, por lo general, una mezcla de varias  plantas, de los géneros Chondrodendon y Strycnos, que puede variar. 

Schultes refirió que hay compuestos que tienen hasta 15 ingredientes, aunque también las hay de una sola especie. 

Algunos de los elementos añadidos pueden no ser tóxicos, pero cumplen funciones de aceleradores del proceso, como es el caso de  Ocotea venosa, de Unonopsis veneficiorum   o de especies del género Capsicum.          

Claude Bernard cambia la perspectiva médica

En París, en 1845, el científico francés Claude Bernard (1813-1858) recibió el premio de Fisiología de la Academia de Ciencias de París por sus trabajos de investigación sobre el curare. 

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Bernard Claude. Fuente: Fielding Hudson Garrison [Public domain]

Sus observaciones médicas las presentó en forma de lecciones en su libro Lecons sur les effects des substances toxiques et medicamenteuses, aparecido en 1856. 

A partir de la lección 16, estudia el curare, que según su biógrafo Oriol Martí (2006:64), es “la sustancia que más le ha ayudado  a construir su pensamiento farmacológico”. 

Esa lección comienza comienza con un estudio histórico sobre el origen del curare, pasando revista a los descubrimientos geográficos y a los viajes de los naturalistas a la cuenca de la Amazonía y del Orinoco, refiriéndose a las técnicas de preparación del curare y sus usos entre las etnias de la región. 

En la lección 17 estudia las propiedades físicas y químicas del curare. 

Seguidamente, en la lección 18 considera las acciones fisiológicas del curare y sus formas de absorción en las superficies mucosas. 

En la lección 19 explica en detalle sus experiencias farmacológicas con el curare y sus efectos en mamíferos, reptiles y aves

Por otra parte, en las siguientes lecciones  Bernard describe los efectos pasajeros del curare, advirtiendo que no crea una lesión anatómica sobre el tejido,”porque no es obligatoriamente morfológica, y una vez desaparecido éste, la función se normaliza. 

En la lección 23  muestra que el curare actúa selectivamente sobre el sistema nervioso motor, que puede ser destruido sin que los músculos pierdan la facultad de la contractilidad. 

Y finalmente en la lección 24 compara el curare con otras sustancias que se caracterizan por provocar parálisis.

Bernard descubrió que el curare actúa sobre la unión neuroefectora del músculo esquelético bloqueando su estimulación por el impulso nervioso. 

Sus experimentos desarrollados entre 1844 y 1856 se realizaron con muestras de curare obtenidas en Brasil por un colega de laboratorio de Bernard.

Recordemos que estamos en París en 1856. No se sabía que era un neurotransmisor, ni se había aislado la acetilcolina. Las experimentaciones en neurociencia apenas estaban iniciándose,  y no se sabía mucho sobre las neuronas.  

Bernard explicó cómo el curare bloqueaba la transmisión neuromuscular, interrumpiendo la transmisión de los impulsos eléctricos desde los nervios hacia los músculos.  

Experimentando con ranas, demostró que el curare actuaba selectivamente bloqueando los mensajes hacia los nervios motores que llegaban a los músculos. Alfred Vulpian,  discípulo de Bernard, observó, por su parte, que el curare aplicado cerca de la placa motora, o el sitio de unión neuromuscular, actuaba rápidamente. Pero no se sabía bien por qué.

Ochenta años después comenzaron a aclararse las cosas.

La acetilcolina, la pieza que faltaba en el rompecabezas

En 1935 el Dr. Harold King, del National institute for Medical Research, en Londres, aisló de una muestra de curare, facilitada por  el Museo Británico, una sustancia cristalina que estaba contenida en un envase singular: una caña o tubo hecho con una sección de bambú. Venía etiquetada como “Ucayali River  1871”. King la llamó d-tubocurarina.

Acetilcolina. Fuente: Yohan [Public domain]

La neurotransmision, entonces,  solo era una hipótesis. 

El fisiólogo Henry Dale había descubierto la acetilcolina en 1910. Su amigo Otto Loewi, que vivía en Austria, había descubierto en sus experimentos con ranas que la neurotransmisión se producía en el sistema nervioso autónomo, pero se desconocía el neurotransmisor. 

Dale especuló diciendo que podría ser la acetilcolonia, y Loewi demostró que era cierto. 

La acetilcolina era el neurotransmisor. Por ese descubrimiento Dale y Loewi recibieron en 1936 el premio Nobel de Medicina. 

Ese descubrimiento que una sustancia química, la acetilcolina, actuaba como un neurotransmisor, demostró que el impulso nervioso se transmitía en forma química y no eléctrica. 

Receptores de acetilcolina. Fuente: Burns et al, 2012 [CC BY-SA 4.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0)]

Se supo con certeza, entonces, que el curare bloqueaba la acción de la acetilcolina en un área especialmente sensible al músculo, y no se producía la contracción muscular necesaria para activar el músculo. Se producía así la parálisis progresiva de los músculos. Neher y Sackman,  fisiólogos del Institute Max Planck, en Alemania, demostraron años más tarde cómo trabajan los neurotransmisores químicos a nivel molecular y cómo su acción era bloqueada por el curare.

Uso médico del curare (serendipia)

Richard Gill era  director de una empresa que explotaba caucho en la Amazonía ecuatoriana

Montando a caballo tuvo un accidente, y quedó semiparalizado, aquejado de paresia espática. 

Regresó a Estados Unidos para recuperarse con terapias, pero sufría de intensos dolores en las extremidades del lado derecho de su cuerpo. Pensó que el curare que utilizaban los indígenas de la zona para aliviar dolores musculares podía ayudarlo. 

Viajó al  Ecuador en 1938, trayendo consigo unos trece kilos de curare preparado, para hacerlo purificar y ensayarlo clínicamente en Estados Unidos. 

Ese curare, elaborado con varios tipos de liana,  llegó a los laboratorios E.R. Squibb, que lo purificó con el nombre comercial de Incostrin, que entregaba a los investigadores buscando usos clínicos promisorios para el producto. 

Ya se sabia que la materia prima del curare procedía de dos tipos de plantas: menispermáceas, como el Chondrodendron tomentosum, y logoniáceas (Strychnos toxifera), y que el principio activo del curare era la d-tubocurarine.

La serendipia es un resultado afortunado, que ocurre  de manera casual o accidental sin estar buscándolo. Así ocurrió, por ejemplo, con la penicilina, pero también con el curare. 

Intocostrin 

El Intocostrin  llegó a manos de un psiquiatra de Nebraska, llamado Bennet, quien lo usó para disminuir las convulsiones asociadas con la administración de un fármaco, como alternativa a la aplicación de la técnica del electro-shock.

También se usaba para tratar niños espásticos.  

Le fue entregado también a Lewis Wright, un anestesiólogo de un hospital neoyorquino que intentó aplicarlo en 1940. Y contactó a un amigo, el Dr. H.R. Griffith, jefe del depatamento de anestesiología   del Homeopatic Hospital, de Montreal, en Canadá, quien lo empleó con ciclopropano y no con éter, que potenciaba el bloqueo. 

Lo aplicó exitosamente muchas veces, y publicó sus resultados en el American Journal of Anesthesiology, en 1912. 

Griffith demostró, con su  continuada práctica médica, que el d-tubocurarina era un relajante muscular seguro en las intervenciones quirúrgicas. 

La tubocurarina

Comenzó entonces el uso de la tubocurarina en anestesiología. Antes, en 1912, lo había aplicado el cirujano Arthur Lawen, en Leipzig, pero los resultados fueron ignorados y se interrumpió la experiencia por falta de suministros de curare (Bustamante 2017). 

Hacia 1946 empieza a disminuir el uso de curare en anestesiología, cuando Daniel  Bovet (1907-1992) descubrió la galamina, que era una sustancia anestesiante mucho más segura para los pacientes. 

Dos años después, en 1949,  sintetizó la succinilcolina, que comenzó a utilizarse como relajante muscular en 1951, por ser más seguro y rápido. Por ese descubrimiento le otorgaron el premio Nobel de Medicina en 1957. 

El curare siguió, sin embargo,  aplicándose en la práctica médica  en el tratamiento de enfermedades que provocan convulsiones. En Perú y Brasil lo emplean también para tratar  el exceso de sangrado en la menstruación y para aliviar contusiones. 

Bibliografía utilizada

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