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Los Yanomami y los Garimpeiros

febrero 20, 2023

Como el dios Jano, de la mitología griega,  que simbolizaba la incertidumbre de lo que está por devenir, este relato presenta dos caras y dos intereses contrapuestos: el de los yanomami y el de los garimpeiros

Los yanomami, o yanomomo, viven en el norte del Brasil y en el sur de Venezuela, en un inmenso territorio que cubre cerca de casi 18 millones de hectáreas. Están allí desde hace más de 10.000 años, venidos desde las primeras migraciones humanas al continente americano. Un largo tiempo viviendo en aislamiento, sin contacto con el exterior. La numerosa etnia yanomami, disminuida hasta casi unas 38.000 personas. La nación yanomami  comprende tres grupos: Sanumá, Yanomam y Yanam, que hablan dialectos distintos, pero que se entienden entre sí,. Aunque no todo sea armonía entre ellos. 

Lavras do Sul garimpeiros déc 1940 (Buscadores de Lavras do Sul de la década de 1940)

Su larga historia sufrió un gran vuelco desde la década de 1940, cuando empezaron las primeras incursiones de colonos en la región. Años más tarde, en la década de 1970 el gobierno militar de Brasil ordenó manu militari, por la fuerza, la construcción de una gran represa que desplazó muchas comunidades yanomami, y las puso en contacto con trabajadores de las áreas urbanas, que formaban parte de las cuadrillas de obreros que trabajaban en la represa. En esa época murieron muchos indígenas contagiados por enfermedades para las cuales no tenían anticuerpos. Era la época de “plomo”, la más represiva de la dictadura militar de aquel tiempo, entre 1968 y 1974.  

Lavras do Sul Garimpeiros (colección Dilnara Martins). Dominio Público
Índice

Los buscadores de oro

En la década de 1980 el territorio yanomami fue invadido por unos 40.000 mineros ilegales, que en portugués son llamados garimpeiros. En apenas siete años,  la población indígena quedó reducida en un 20 %.  En 1992 la protesta internacional encabezada por varias ONG y la firme resistencia del pueblo yanomami, liderada por el indígena Davi Kopenawa Yanomami, logró la expulsión de los mineros. Pero un año después estaban de nuevo allí. Los garimpeiros regresaban, aparentemente, en son de paz. Le dejaban alimentos y algunas baratijas a los indígenas de Hoximú. Una vez que habían ganado la confianza de los pobladores, asesinaron más de cuarenta yanomami, adultos y niños, incluso un bebé. Algunos fueron degollados,  y hasta desmembrados. Los sobrevivientes a la masacre de Hoximú contaron  la horrible tragedia vivida. Y se pidió justicia. De los cinco asesinos, solo dos fueron detenidos y condenados. Tres aún están libres. 

Otros gobiernos, como el de Itamar Franco, han emitido decretos de protección indígenas,   que luego se convirtieron en letra muerte durante el gobierno de Jair Bolsonaro, que se jactaba de proclamar que el Amazonas brasileño es un asunto soberano, en el cual no debe intervenir otro país. 


Bart Wursten
Garimpeiros on the move. Attribution-NonCommercial-ShareAlike 2.0 Generic (CC BY-NC-SA 2.0)

El 20 de enero de 2023 el gobierno de Lula da Silva, con la participación comprometida de la vieja luchadora por los derechos indígenas Marina Silva, ahora ministra, emitió un decreto expulsando a cerca de 20.000 garimpeiros del territorio asignado a los yanomami. Estos mineros ilegales seguramente se trasladarán a otros territorios amazónicos, como Venezuela, Guyana o Guayana Francesa, donde la justicia es más laxa.    

¿Quienes son los garimpeiros?

Los garimpeiros, como se les conoce en lengua portuguesa, son los mineros ilegales que buscan oro y minerales preciosos en la selva amazónica. Deforestan y destruyen la naturaleza en sus búsquedas. Lo que dejan son llagas, más que cicatrices, en la tierra que arrasan.  Usan mercurio para el tratamiento del mineral, y en otros casos cianuro, sustancias que contaminan los cursos de agua, en una vasta región donde los ríos están estrechamente interconectados. 

Un garimpeiro es una persona pobre, que busca desesperadamente cambiar su destino por el encuentro de un filón o una veta de oro, o unas piedras diamantíferas en el lecho de un riachuelo. Pobres, desesperados, bestializados,  personas insensibles para los cuales los indígenas valen poca cosa. En su labor destructora usan pesadas  y potentes maquinas que deben ser transportadas de una manera muy visible por los caminos de la selva. Su obra devastadora es fácil detectable por señales satelitales.  Y se sabe, y a veces se denuncia,   pero la autoridad, sobornada,  calla y aprueba. Total, las víctimas son una vasta selva, muda y sin casi dolientes, y grupos indígenas considerados como unos salvajes, menos que personas, como si estuviéramos en la colonia o en los tiempos malditos de los crueles barones del caucho. 

Detrás de los garimpeiros, al acecho, están los aprovechadores: las empresas nacionales y multinacionales compradoras de piedras preciosas sin importar la sangre que cuestan y el dolor infringido a las poblaciones nativas. Así sucede en África, en Asia y también en América. A veces uno se pregunta cuántas vidas humanas han costado algunos gramos de oro, cuánto dolor encierran un diamante que refulge en una joya.  

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