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Viaje por el Amazonas – Una experiencia transformadora

septiembre 6, 2022
Praia do Tupé, Manaus Amazonas Floresta Amazonica Brasil Brazil

En la reciente época del confinamiento provocado por el Covid 19, apenas ayer,  nos acostumbramos a viajar de manera virtual, sin levantarnos del sillón. Como si estuviéramos en una confortable sala de la casa, sin padecer los rigores del calor excesivo, las incomodidades de las cubiertas de barcos  atestadas de hamacas y de gente, el zumbido incesante de los insectos, aplastado algunas veces por la estridencia de la música.

Pero no, un viaje navegando por las aguas del río Amazonas, el río más largo y caudaloso del mundo,  es otra cosa.  Es una aventura, una aventura en la que termina por convertirse en una rutina la contemplación de una exuberante selva que transita por muchos verdes, un cielo de azul claro que a veces se llena de nubarrones, y un agua casi de color barro claro, que, con sus continuos movimientos, somete al barco que te traslada a un vaivén que termina amodorrándote, al que contribuye el monótono ruido de los numerosos pequepeques, las lanchas de motor que surcan el río.    

Esa sensación de placentera incomodidad derivada del viaje de  descubrimiento,  lo volví a sentir leyendo el breve reportaje de Baltasar Montaño, que relata una travesía de varios meses por el Amazonas,   en El País Semanal, correspondiente  a la semana del 21 de agosto de este año 2022. Un viaje tan inconfortable como el que yo mismo hice, en algunos pocos tramos del gran río en 2016, cuando estuve viviendo casi un año en la ciudad de Iquitos, en la región Loreto, de la Amazonía peruana

El texto de Montaño me retrotrajo al caos de Pucallpa o de Iquitos, invadido por los ruidosos motocares, los taxis de la Amazonía, que parecen insectos gigantes que amenazan con devorarte cuando atraviesas las calles principales. Me recordó el encuentro de los ríos Ucayali y Marañón para dar forma al gigantesco Amazonas,  un punto en el que el río llega a tener unos 40 kilómetros de ancho entre una  y otra orilla durante la época de creciente de aguas. 

Leyendo a Montaño volví a sentir la misteriosa sensualidad que respiran las nerviosas grandes ciudades amazónicas: Iquitos,  Manaos o Belém. Pero el viaje de Montano fue superior al mío en todos los sentidos. Él recorrió durante varios meses,   más de 7.000 kilómetros,   partiendo desde Arequipa,   cerca del nevado Mismi, donde nace el Amazonas como  un inocente hilillo de agua, hasta llegar a la desembocadura del Amazonas, el Solimoes,  en el océano Atlántico, haciendo un ruido espantoso, el pororocó, cerca de  la isla Tapajós, la isla fluvial más grande del mundo. 

El río entra como una tromba al mar, convirtiendo el agua marina en agua salobre durante varios kilómetros, mar adentro. Despreocupado del mundo, perdido el sentido concreto del espacio y el tiempo, uno resulta encantado por la aventura amazónica que le da lo que ninguno otro viaje puede darle: el sentido de soledad y de insignificancia del ser, el vigor de la vida pletórica y biodiversa, la sensación de que uno se adentra en algún lugar donde no es tan necesaria la intercesión de Dios para aplacar la ira del hombre. Un mundo armonioso, aunque imperfecto, donde uno es capaz de oír las propias voces interiores y compartir solidariamente las pocas cosas  materiales que uno trae al mundo.    

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Fuente:

Montaño, B. (2022, agosto 21). Surcando el Amazonas: una locura fluvial que cambia a todo viajero. Ediciones EL PAÍS S.L. https://elpais.com/eps/2022-08-21/surcando-el-amazonas-una-locura-fluvial-que-cambia-a-todo-viajero.html

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